La pequeña y mediana empresa suele tener serias dificultades a la hora de conseguir financiación. Uno de los problemas principales es la escasa diversificación: por lo general utiliza únicamente el recurso de las entidades financieras bancarias y, en muchos casos, depende de una única entidad.
El emprendedor no siempre dispone de garantías (propiedades) suficientes que le sirvan de aval, lo que dificulta el acceso a la financiación bancaria. La devolución de los préstamos bancarios, las cuotas mensuales, que suman principal el capital concedido- e intereses, son además una carga financiera para los primeros años de la empresa, que puede llegar a poner en peligro su consolidación y crecimiento.
Por todo ello es importante que la búsqueda de financiación, en la fase de creación de la empresa, incluya inversores, tanto privados como sociedades.