A la hora de planificar la financiación de la empresa, no sólo hay que contemplar la obtención de recursos propios y ajenos, como fuente de financiación. La política de gestión de la tesorería o liquidez (pagos y cobros) es el principal medio para afrontar el riesgo económico.
Uno de los puntos de análisis interno a considerar a la hora de la puesta en marcha de un proyecto
empresarial es la capacidad de la obtención de recursos financieros para afrontar las inversiones
iniciales. Posteriormente, una de las claves para consolidar una empresa es la financiación. De ahí,
la importancia de hacer una previsión de las necesidades financieras, lo más rigurosa posible. La
dificultad está en prever la principal fuente financiera de un negocio: los cobros de los clientes.
Los empresarios en general, y las PYMES por englobar la mayoría de las empresas del país, viven
situaciones de impago por parte de sus clientes y cobros a plazos.
Los datos estadísticos muestran que una de cada cuatro empresas que entra en crisis lo hace por
sufrir retrasos en el cobro de sus operaciones. Para evitar estas situaciones, la Comisión Europea
aprobó hace tres años una directiva para luchar contra la morosidad en los pagos comerciales, que
el ejecutivo español tiene previsto incorporar a nuestra normativa. Tras unos meses de retraso, ya
está presentado el correspondiente anteproyecto de ley que endurece los intereses de demora de un
4,25 a un 9,7% y reduce el plazo de reclamación de los 64 días de media actuales a 30 días, menos
de la mitad.
Una de las herramientas con las que cuenta la empresa/ empresario-a, consiste en gestionar
adecuadamente los pagos y los cobros, es decir, establecer una política de gestión de su tesorería
o liquidez.