En el plan de empresa debe constar tanto la estrategia de recursos humanos -que irá aplicándose y cobrando sentido con el crecimiento de la empresa-, como la definición de funciones o puestos y los perfiles con los que se cubrirán desde la puesta en marcha de la actividad. En especial si resulta necesario la búsqueda de inversores, estos necesitarán saber el equipo humano con el que cuenta el proyecto empresarial para su implantación y desarrollo.
En muchos casos el promotor o promotores forman parte sustancial de ese equipo humano, lo que es bien valorado por inversores y entidades financieras -también por el mercado-. Supone un compromiso personal con el proyecto y aporta garantías, en general, en cuanto a conocimientos técnicos, dominio de las claves del negocio y conocimiento del sector.
El apartado de recursos humanos del plan de empresa debe concretar el modelo organizativo con los puestos y funciones a desarrollar, los perfiles de conocimiento y competencias necesarios para esas funciones y el estilo de coordinación o dirección. Todo el diseño que, en este momento realiza el emprendedor y que aplicará a partir de la puesta en marcha, tiene como objetivo atender las necesidades de la producción con la máxima eficacia y responder a los requerimientos del mercado con una meta de excelencia.
Debe determinarse aquí el número de personas que trabajarán inicialmente en la empresa, sus funciones, su condición de socios, personal contratado o externo criterio de selección- y sus funciones que pueden o no estructurarse en puestos, según el volumen inicial de la empresa, y definirse gráficamente en un organigrama. Es conveniente aportar en anexo la experiencia profesional de las personas clave en el negocio.
Alguna referencia al modelo de gestión de recursos humanos, en especial si se incorporan técnicas de gestión por competencias, gestión del conocimiento o trabajo colaborativo, ayudará a definir internamente la identidad de la empresa y será bien valorado por posibles inversores. Estos últimos valorarán igualmente que estén calculados los costes salariales, definida la política inicial de retribuciones y, en ocasiones, que esta última tenga alguna vinculación con los resultados empresariales.