Cada empresa debe diseñar el proceso productivo que mejor se adapte a sus características. Se podría afirmar que hay tantos procesos productivos diferentes como empresas. Sin embargo, se pueden identificar algunos modelos generales de producción.
Proyectos Consisten en una serie de pasos separados diseñados para producir un artículo único. Es necesario coordinar cuidadosamente una amplia variedad de actividades que incluyen planificación, diseño, compras y producción. La programación y clasificación de las tareas es de una gran importancia. Generalmente, la interrelación entre las actividades es compleja y resulta más sencilla con una adecuada planificación.
Tanto los servicios como los productos fabricados deben ser considerados como proyectos, al igual que ciertas actividades especiales que se realizan dentro de la empresa como, por ejemplo, la campaña publicitaria de lanzamiento de un nuevo producto.
Sistemas de producción tipo taller y discontinuos Se aplican cuando la empresa produce un gran número de bienes o servicios diferentes y en cantidades no muy grandes. Ofrecen una mayor adaptabilidad a las exigencias de distintos clientes. Los productos finales comparten algunas tareas en su elaboración.
Ejemplos de este sistema de producción son los talleres de mecánica y reparaciones, los fabricantes de muebles especiales, las empresas de confección, etc.
Procesos de producción en línea y continuos Se utilizan para la fabricación de grandes volúmenes de productos uniformes. Suelen ser procesos altamente automatizados, aunque en algunos casos hay una gran intervención de mano de obra.
El proceso de producción se descompone en una serie de tareas secuenciales relativamente sencillas que, generalmente, no es aplicable a pequeñas empresas de servicios.
La cadena de producción utilizada para la fabricación de coches constituye el ejemplo más claro de este modelo de producción.