Mantener un excelente nivel de calidad, implica una serie de costes, pero partiendo de la base de que obtener un cliente siempre es más costoso que mantenerlo, se llega a la conclusión de que no mantener dicho nivel de calidad, puede resultar mucho más caro.
Invertir en calidad supone, internamente, aumentar la productividad, con la consiguiente reducción de costes que llevarán a poder mantener unos precios más competitivos, que aumentaran la ventas y los beneficios, con un aumento de la cuota de mercado con clientes contentos y por lo tanto fieles.
Cuantificar los costes que esto supone, puede parecer complicado, pero es necesario realizar un esfuerzo en ese sentido para poder realmente ser conscientes de las ventajas que ofrece mantener un nivel de calidad excelente.
Los costes en los que se incurre por implementar un sistema de calidad están relacionados con la implantación del sistema de calidad, la formación del personal y sistemas de evaluación, que a medio plazo, revertirán en la mejora de la productividad.
El no tener un control de calidad puede acarrear costes provocados por fallos tanto internos (mala utilización de la maquinaria, excedentes, exceso de mano de obra...) como externos, cuando el producto ya está en manos del cliente final (devoluciones, reparaciones, pérdida de clientes, reclamaciones...)