Una vez analizados el pasado y el presente de la organización, llega el momento de sacar conclusiones y en base a ellas establecer objetivos de futuro acordes con el plan estratégico general. Los objetivos se tendrán que plantear desde un punto de vista práctico y realista que garanticen su viabilidad. Se formularán de manera concreta y acotada en el tiempo. Para poder llevarlos a cabo, es recomendable consensuarlos con el resto de la empresa, lo que contribuirá a motivar al personal. Cubrirán aspectos tanto cualitativos (ventas, beneficios, nuevos clientes...) como cuantitativos (imagen, calidad, nuevos canales, mejor fuerza de ventas...) y tendrán que ser lo suficientemente flexibles como para poder adaptarse a las necesidades de cada momento.
Pautas para la definición de objetivos estratégicos
Enmarcar los objetivos en un horizonte de medio-largo plazo.
Presentarlos escalonados, marcando su cumplimiento por fases.
Deben ser claros y concretos.
Deben estar cualificados y cuantificados en su contenido.
Tener en cuenta la interrelación entre ellos para priorizarlos adecuadamente.
Incluir en la definición de cada objetivo la descripción de una situación futura deseable.